El colegio “de la ONU”

27 01 2008

“-¿A qué colegio llevas a tu hijo?- me preguntó una conocida.

 -Al “Jaime Vera”-, contesté, y ella puso cara de asombro. -Sí…,  el que hace esquina con la C/Avila- aclaré.

- Ah! Al colegio de la ONU…- dijo subiendo el rostro con cierto aire de ¿desprecio?…  Sonreí con aire divertido y dije: - Sí. ¿Por qué lo llamas así?.

- ¡Hombreee! Cuando pasas por allí a la hora de la salida, no sabes en qué país estás: Marruecos, Filipinas, Ecuador, Guinea, Perú, Polonia, Rumanía…. En cualquiera menos en España.

- Es verdad - dije sin perder la sonrisa- Conviven tantas culturas juntas. Es de lo más enriquecedor.”

El “CEIP Jaime Vera” es público, y ella lleva a su hijo a uno de los colegios concertados del barrio.

Mi hijo (7 años, 2º de Primaria) es el único de origen español de su clase. En total son 19 niños y niñas de 15 orígenes culturales distintos. Mi hija (13 años, 2º de la ESO) también va a un instituto público, el IES Jaime Vera, y en su clase son cinco los alumnos de origen español.

Ambos son “minoría de origen”… ¿Y qué?… También lo son el compañero senegalés, filipino o ucraniano…

Tienen muy buenos profesores; están aprendiendo. ¿No es eso lo que importa?…

A lo largo de la vida escolar de mis hijos he ido viendo cómo los padres españoles han ido matriculando a sus hijos en otros colegios, la mayor parte, en concertados. Yo prefiero la escuela laica y pública, en la que no hay credos ni distinción social, en la que encuentras un poco de todo, como en la vida misma, y en la que aprendes también a desenvolverte.

El sistema educativo público funciona mal en relación con el “reparto” de alumnos que llegan de otros países a lo largo del curso -por mi experiencia, puedo asegurar que la mayor parte de los profesores de la enseñanza pública se exprimen las neuronas para encontrar el modo de que todos aprendan, se desarrollen y mejoren-, aunque no puedo pasar por alto el hecho de que somos nosotros, los padres, los que contribuimos a que se produzca esta “situación de población” en colegios e institutos cuando, ante el temor de los rumores que corren, salimos zumbando del colegio público hacia el concertado con el papel de matriculación en la mano.

En cierto sentido, me siento un poco como “el último mohicano” en mi empeño de no sacar a mis hijos de la enseñanza pública mientras todo les vaya bien, los estudios, con el centro, los profesores y los compañeros.

Te invito a leer el artículo “Miguel es minoría“, de Antonio Jiménez Barca en El País, ya que refleja muy bien la situación actual al respecto (mi hija y Miguel Foucha son compañeros de clase, por cierto).

Y, aunque el comentario de mi conocida no tenía muy buena intención, me gustó la idea. Ahora, cuando me preguntan “¿A qué colegio van tus hijos?”, contesto: “Al  Jaime Vera, el de la ONU”.





El joven cangrejo

20 01 2008

El joven cangrejoUn joven cangrejo pensó: “¿Por qué todos los miembros de mi familia camina hacia atrás? Quiero aprender a caminar hacia delante, como las ranas, y que se me caiga la cola si no lo consigo”.

Empezó a entrenarse a escondidas, entre las piedras de su arroyo nativo, y los primeros días le costaba muchísimo trabajo lograrlo. Chocaba contra todo, se magullaba la coraza y una pata se le enredaba con la otra. Pero las cosas fueron mejorando lentamente, porque todo puede aprenderse cuando se desea de veras.

Cuando estuvo bien seguro de sí mismo, se presentó ante su familia y les dijo:

- Fijaos.

Y dio una magnífica carrerilla hacia delante.

- Hijo mío - dijo llorando la madre -, ¿has perdido el juicio? Vuelve en tí y camina como te han enseñado tu padre y tu madre; camina como tus hermanos, que tanto te quieren.

Sus hermanos, no obstante, se tronchaban de risa.

El padre se lo quedó mirando un rato severamente, y luego dijo:

- ¡Ya basta! Si quieres quedarte con nosotros, camina como todos los cangrejos. Si quieres hacer lo que te parezca, el arroyo es bastante grande: vete y no regreses más.

El buen cangrejo quería a su familia, pero estaba convencido de que tenía la razón. Abrazó a su madre, saludó a su padre y a sus hermanos y se marchó.

Su paso despertó inmediatamente la sorpresa de un grupo de ranas que, como buenas comadres, se habían reunido en torno a una hoja de nenúfar para charlar.

- El mundo va al revés - dijo una rana -. Mirad aquel cangrejo y decidme si me equivoco.

- Ya no hay educación - dijo otra rana.

- Vaya, vaya - dijo una tercera.

Pero, todo hay que decirlo, el cangrejito continuó adelante por el camino que había escogido. En cierto momento oyó que le llamaba un viejo cangrejote de expresión melancólica, que estaba solitario junto a un guijarro.

- Buenos días - dijo el joven cangrejo.

El viejo le observó atentamente y luego le preguntó:

- ¿Qué te crees que estás haciendo? También yo, cuando era joven, pensaba enseñar a caminar hacia delante a los cangrejos. Y mira lo que he conseguido: vivo solo y la gente se cortaría la lengua antes que dirigirme la palabra. Mientras estés a tiempo de hacerlo, hazme caso: resígnate a caminar como los demás y un día me agradecerás el consejo.

El joven cangrejo no sabía qué responder y no dijo nada. Pero pensaba: “yo tengo la razón”.

Y después de saludar atentamente al viejo, volvió a emprender de nuevo su camino orgullosamente.

¿Llegará muy lejos? ¿Tendrá suerte? ¿Logrará enderezar todas las cosas torcidas de este mundo? Nosotros no lo sabemos, porque está todavía caminando con el coraje y la decisión del primer día. Sólo podemos desearle, de todo corazón: ¡Buen viaje!

Del libro ”Cuentos por teléfono” de Gianni Rodari - Ed. Juventud. 16ª edición. 1998