“-¿A qué colegio llevas a tu hijo?- me preguntó una conocida.
-Al “Jaime Vera”-, contesté, y ella puso cara de asombro. -Sí…, el que hace esquina con la C/Avila- aclaré.
- Ah! Al colegio de la ONU…- dijo subiendo el rostro con cierto aire de ¿desprecio?… Sonreí con aire divertido y dije: - Sí. ¿Por qué lo llamas así?.
- ¡Hombreee! Cuando pasas por allí a la hora de la salida, no sabes en qué país estás: Marruecos, Filipinas, Ecuador, Guinea, Perú, Polonia, Rumanía…. En cualquiera menos en España.
- Es verdad – dije sin perder la sonrisa- Conviven tantas culturas juntas. Es de lo más enriquecedor.”
El “CEIP Jaime Vera” es público, y ella lleva a su hijo a uno de los colegios concertados del barrio.
Mi hijo (7 años, 2º de Primaria) es el único de origen español de su clase. En total son 19 niños y niñas de 15 orígenes culturales distintos. Mi hija (13 años, 2º de la ESO) también va a un instituto público, el IES Jaime Vera, y en su clase son cinco los alumnos de origen español.
Ambos son “minoría de origen”… ¿Y qué?… También lo son el compañero senegalés, filipino o ucraniano…
Tienen muy buenos profesores; están aprendiendo. ¿No es eso lo que importa?…
A lo largo de la vida escolar de mis hijos he ido viendo cómo los padres españoles han ido matriculando a sus hijos en otros colegios, la mayor parte, en concertados. Yo prefiero la escuela laica y pública, en la que no hay credos ni distinción social, en la que encuentras un poco de todo, como en la vida misma, y en la que aprendes también a desenvolverte.
El sistema educativo público funciona mal en relación con el “reparto” de alumnos que llegan de otros países a lo largo del curso -por mi experiencia, puedo asegurar que la mayor parte de los profesores de la enseñanza pública se exprimen las neuronas para encontrar el modo de que todos aprendan, se desarrollen y mejoren-, aunque no puedo pasar por alto el hecho de que somos nosotros, los padres, los que contribuimos a que se produzca esta “situación de población” en colegios e institutos cuando, ante el temor de los rumores que corren, salimos zumbando del colegio público hacia el concertado con el papel de matriculación en la mano.
En cierto sentido, me siento un poco como “el último mohicano” en mi empeño de no sacar a mis hijos de la enseñanza pública mientras todo les vaya bien, los estudios, con el centro, los profesores y los compañeros.
Te invito a leer el artículo “Miguel es minoría“, de Antonio Jiménez Barca en El País, ya que refleja muy bien la situación actual al respecto (mi hija y Miguel Foucha son compañeros de clase, por cierto).
Y, aunque el comentario de mi conocida no tenía muy buena intención, me gustó la idea. Ahora, cuando me preguntan “¿A qué colegio van tus hijos?”, contesto: “Al Jaime Vera, el de la ONU”.
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